JOSÉ RAMÓN GARRIDO GARCÍA
Presidente del sector de Enseñanza de CSI-CSIF de Alicante
En los últimos 20 años hemos conocido en España cuatro leyes orgánicas educativas. A saber: Logse, Lopedge, LOCE y LOE. Pero más preocupante que el número de leyes es la forma en que éstas se han elaborado. La sensación dominante es que dichas leyes se han hecho de espaldas al profesorado. Frutos de especialistas de boureau, con escaso o nulo contacto directo con la realidad cotidiana del aula.
A esta proliferación teórica educativa tenemos que añadir, además, la dispersión normativa autonómica. Y en el centro de este maremagno legislativo están las figuras del maestro y el profesor, a los que con frecuencia se tilda de rutinarios, inmovilistas, apareciendo muchas veces como los chivos expiatorios de los males que aquejan a nuestro sistema educativo. Viene a cuento de lo dicho la acusación implícita contenida en la expresión «currículo oculto» que tan de moda estuvo hace un par de años. Tras ésta se ocultaba una concepción del docente, como residente de un conocimiento, más o menos consciente, pero operativo, que tiende, de forma acrítica, irreflexiva y rutinaria, a la reproducción de la cultura y la ideología dominante.
Desde esta concepción se intenta dar voz al docente. Pero no para escuchar su consejo o aprovechar su experiencia, sino para detectar sus hábitos de resistencia y corregirlos. Este ataque a la profesionalidad de los antiguos está provocando una sensación de desencanto cuando su huida del sistema, con lo que ello supone de pérdida de profesionales expertos y la posibilidad de consejo a las nuevas generaciones. A cambio surge una muchedumbre de asesores que dicen al docente lo que tiene que hacer, cómo lo tiene que hacer y cuándo lo tiene que hacer, pero raramente pasa por el aula a hacerlo ellos mismos. Y yo me pregunto, ¿cuántos profesores han pedido asesores psicopedagógicos?
Porque, según la encuesta realizada por CSI-CSIF recientemente sobre una muestra de 12.376 docentes, lo que pide la mayoría -81%- es que se les dote de mayor autoridad o que haya una reducción de la burocracia -47%-. Basten estos datos como ejemplo del divorcio entre los planteamientos teóricos de la administración educativa y las verdaderas preocupaciones de los maestros y profesores Por todo ello urge implantar dos líneas de actuación: frente a la utópica pedagogía de salón, escuchar la voz de los docentes que viven su vocación en la realidad diaria de las aulas y llegar a un consenso entre los partidos mayoritarios que de estabilidad al sistema, evitando las continua instrumentalización política de la enseñanza.
Font: Levante-EMV
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